Huelen a ti las sábanas, amor, y todavía está tu libro abierto
encima de la mesa y hay ropa por el suelo y discos, tabaco.
Aunque aquí ya no estés, mis brazos aún te buscan.
Y en este fingimiento de abrazarte en la almohada, persigo tu recuerdo,
tu cintura, tus hombros.
Tu cuerpo no fue un sueño y quizá en el baño mi cepillo me espere,
mojado de tu boca, o húmedas toallas que secaron tu pelo.
Huelen a ti las sábanas. El barrio se despierta. Hay voces en la calle
y luz tras la persiana.
El Sol debe estar alto. Qué corta fue la noche.
2 comentarios:
Espléndido poema de este autor bastante desconocido en su faceta como poeta, que no como político.
Muy bonita. No lo conocía.
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